Impacto inmobiliario en barrios residenciales Varias viviendas de la capital han quedado circundadas por torres, causando efectos como pérdida de luz y privacidad. Sus propietarios se quejan de menor plusvalía.

Sebastián Sottorff Abrir las cortinas, cambiarse de ropa y descubrir que no es sólo una, sino varias las ventanas abiertas frente a nuestra habitación. Llegar a la casa, tratar de estacionarse y notar que el espacio que por décadas ha albergado el auto familiar, está ocupado por otros vehículos. Soportar durante meses la construcción de un edificio de veinte pisos y hacerse la idea de que lo que antes era una casa vecina, mañana será un centenar de departamentos.

Eso es lo que muchos vecinos de la capital deben soportar cuando una inmobiliaria decide emplazar proyectos en zonas que tradicionalmente han sido barrios de baja altura. Y si eso suena poco alentador, hay una situación que es mucho peor: la de las viviendas, que por diferentes razones no son parte del paño contemplado para la construcción.

Ahí se generan las llamadas “casas islas”; es decir, inmuebles rodeados de torres y cuyo terreno es tan pequeño, que no sirven para levantar otro edificio.

Esto le sucedió a la antigua casa de Verónica Caviedes, una vivienda de dos pisos ubicada en Brown Norte. Su familia llegó al barrio en la década de los setenta, cuando el sector era un típica zona residencial de la plaza Ñuñoa.

“Cuando yo era chica se vivía otro mundo. Los niños jugaban en las calles, los vecinos se conocían y, por ende, había mucho más calidad de vida. Hoy todo eso se perdió”, explica, mientras exhibe los daños que se generaron en su hogar tras la construcción de una torre de 17 pisos.

La inmobiliaria no consideró esta vivienda en el paño destinado para levantar la obra, así que rodeó la casa de Caviedes. Con eso, el inmueble se llenó de grietas y la familia debe convivir con ruidos y otras molestias.

“Demandamos a la inmobiliaria por los daños, y luego de casi ocho años logramos una indemnización de 2 millones, que sólo alcanzó para algunos arreglos. Hoy mi casa ya no vale lo de antes, y probablemente nadie querrá vivir en un lugar así”, agregó.

Roberto Moris, arquitecto y subdirector del Instituto de Estudios Urbanos de la PUC, afirma que se deberían crear sistemas de compensación para los vecinos afectados.

“De la misma manera como se evalúan los proyectos ambientales, los efectos de una construcción también deberían considerarse para compensar a las familias afectadas por las obras”, afirma el experto, detallando que el caso inglés es un buen ejemplo de regulación urbana.

“El modelo británico considera buenos procedimientos de participación ciudadana, ya que cada proyecto tiene como obligación incluir a la comunidad”, agrega Moris.

“Trato de vender, pero nadie quiere torres al lado””He tratado de vender mi casa, pero nadie quiere vivir con un edificio al lado. Lo peor es que mi terreno es muy chico para una torre, así que las inmobiliarias no se interesan en comprarme”, explica Ana María Muñoz, dueña de una vivienda de dos pisos en el sector de El Llano de San Miguel, que colinda con una torre de 17 pisos.

“Mis vecinos vendieron muy bien en su momento, pero mi vivienda hoy ya no vale lo que pido. Así que estoy perdiendo por todos lados”, agrega.

Xavier Rivas vive la misma situación en su casa de la calle Robinson Crusoe, en Las Condes. En esa zona, las inmobiliarias han desarrollado proyectos donde antes sólo había casas.

“Ha sido terrible, estos edificios grandotes hicieron que la vida de barrio se perdiera”, sentencia, detallando que además del aumento del tráfico se generan otros problemas. “A veces hay ruido, fiestas y muchos autos en la calle. Además, un edificio nos tapó el sol del invierno, así que mi casa se ha vuelto considerablemente más fría”, explica.

El experto de la UC, Roberto Moris, asegura que el arribo de los edificios afecta la plusvalía, sobre todo en zonas donde la “identidad” es un atributo.

“Muchos barrios tienen características residenciales únicas. No es la idea estar en contra de las torres, pero los edificios no siempre son la solución. Menos tan cerca de las casas”, agrega.

Fuente El Mercurio.

Lunes 4 de Junio de 2012

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