El arquitecto Nelson Moraga Tapia, Secretario Técnico del estudio para la Modificación del Plan Regulador Comunal de Valparaíso llevado adelante por FOCO Consultores, en un trabajo conjunto y coordinado por la Municipalidad y la SEREMI MINVU de Valparaíso, nos manda esta columna acerca de los lineamientos principales que están dando forma al PRC:

“Valparaíso, qué disparate eres, que loco, puerto loco, que cabeza, con cerros, desgreñada”; así comienza Pablo Neruda su ‘Oda a Valparaíso’ y, recordándola, pareciera que mucha de la literatura que a esta ciudad refiere no puede renegar esa condición imposible de ‘disparate’ o ‘locura’: con espacios, asentamientos, intersticios y edificaciones que parecen superar toda lógica y conducirnos a habitar una ciudad surreal o imaginaria. Dentro de esta condición poética podemos nombrar así a este Valparaíso, sin embargo, ¿Cómo se desarrolla la planificación territorial de esta ciudad imaginaria?

Y es que Valparaíso, para bien reconocido mundialmente, existe. Existe como la virtuosa expresión arquitectónica de una ciudad que supo asumir las complejidades que se le han presentado a lo largo de la historia y de las cuales en la actualidad somos herederos. Nos cuesta imaginar otra comuna en Chile que cuente en forma simultánea con los niveles de complejidad geográfica, ambiental, patrimonial, morfológica, infraestructural, económica, social y política que están presentes en Valparaíso; de vez en cuando nos sorprende (o no) el descontrol de alguna de estas condicionantes urbanas, y que podemos vincular a recientes eventos desastrosos asociados a riesgos naturales o antrópicos, demandas ciudadanas respecto al cuidado de la morfología urbana, uso del borde costero, reivindicaciones ambientales, etc. Siendo además pertinente mencionar que dentro de la Comuna de Valparaíso contamos con tres áreas urbanas: Valparaíso, Placilla-Curauma y Laguna Verde, cada una con condicionantes y requerimientos específicos.

Pasamos entonces de considerar a esta ‘ciudad imaginaria’ como una ‘ciudad tremendamente compleja’ y donde coexisten de forma simultánea una gran cantidad de condicionantes como capas que en su conjunto nos entregan una lectura real de la ciudad. ¿Ha contado desde siempre Valparaíso con estas condicionantes complejas? La verdad es que si, y es precisamente con esa complejidad y a pesar de ella, que Valparaíso se convierte en una de las ciudades más desarrolladas e importantes del Cono Sur durante el Siglo XIX y desde donde se deriva la riqueza cultural que permanece hoy en día patente en la ciudad, no como una reliquia propia de un museo, sino como una forma de vida arraigada en la sociedad porteña.

El estudio para la modificación del Plan Regulador Comunal de Valparaíso, en desarrollo por la consultora Foco de la cual formamos parte, y en un trabajo conjunto y coordinado por la Ilustre Municipalidad de Valparaíso y la SEREMI MINVU de Valparaíso, es un Instrumento de Planificación Territorial (IPT) que viene por primera vez desde 1984 a estudiar y proponer de forma integral las normas que regirán la edificación para las tres áreas urbanas de la comuna con un horizonte (teórico) de 10 años. Si bien quisiéramos que este estudio pudiese abarcar la planificación de la ciudad con todas sus aristas, es facultad del Plan Regulador Comunal definir los usos de suelo, las condiciones de edificación y subdivisión de suelo, precisar áreas verdes, de riesgo, de protección o restricción, etc. Todas estas son variables que en su adecuada combinación nos permiten acercarnos a planificar qué ciudad queremos.

El análisis del territorio comunal de Valparaíso desde sus múltiples variables, el estudio preciso del trazado urbano y los sistemas de parcelación y la experiencia misma de la ciudadanía, recogida en diversas instancias de participación ciudadana temprana, han permitido avanzar a comprender que esta ciudad “loca” y “desgreñada”, en verdad tiene patrones que se repiten a lo largo de su territorio, los cuales como reglas sumamente claras, van indicando la forma precisa en que se deben ocupar los espacios de la ciudad. Estas reglas corresponden a los patrones de asentamiento según la geografía de Valparaíso y, según ellos, podemos tanto analizar la trama histórica de la ciudad como a su vez, planificar el desarrollo de la misma.

El territorio virgen de Valparaíso, conformado de una serie de cerros y quebradas, terrazas, acantilados y llanos, permitió acoger en un principio a los primeros asentamientos en torno a una estrecha orilla del actual barrio puerto, donde actualmente se encuentra la Iglesia de la Matriz, y posteriormente en el Almendral. Este territorio complejo no permitió por mucho tiempo ocupar más que las zonas planas cercanas al mar, las cuales al ser una bahía expuesta al norte sufrían de forma periódica los embates del mal clima y de vez en cuando los estragos de grandes tsunamis (La carta de Inundación por Tsunami vigente elaborada por el SHOA se desarrolló a partir de una restitución del tsunami de 1730). Progresivamente, la ciudad requirió crecer hacia los cerros y enfrentarse a las condicionantes geográficas, ambientales y de riesgo propias de ese medio; por lo mismo, el desarrollo urbano de Valparaíso durante los siglos XVIII y XIX se llevó a cabo necesariamente a partir de un diálogo directo y muchas veces severo entre los habitantes y su territorio.

Es a partir de esta gran complejidad territorial es que se genera la gran riqueza cultural de Valparaíso. En cada espacio del territorio se combinan de forma específica diferentes variables como la geografía, el tipo de suelo, los cursos de agua, los valores ambientales y el clima, y para cada una de estas combinatorias existió una respuesta cultural donde participaban de forma conjunta la ingeniería, la arquitectura, la tecnología, la industria y el arte de mayor estándar de la época; y es que Valparaíso era sobre todo una ciudad moderna, a la altura de las grandes ciudades puerto a nivel mundial, sumamente adelantada al resto de Chile. Los asentamientos tuvieron entonces que inventar su propia manera de adaptarse al territorio, y es a partir de estas invenciones que se construye esta ciudad imaginaria: donde aparecen sus pasajes, escaleras, ascensores, se abovedan sus cauces, se construyen muros de contención y se llega incluso a inventar nuevo suelo rellenando el mar hasta el límite que conocemos en la actualidad con los escombros que dejaban consecutivamente los terremotos.

Es de esta forma que en la ciudad existen y permanecen formas específicas de habitar y construir en las mesetas, en las laderas, en los fondos de quebrada, en los pies de cerro, en las cimas de los cerros, etc. Son estas formas específicas las que constituyen los patrones de asentamiento según la geografía de Valparaíso y que como tales, se van repitiendo en todo el territorio dando cabida a tipologías arquitectónicas específicas.

Por ejemplo: las mesetas de Valparaíso corresponden a las partes donde la pendiente disminuye casi hasta volverlas planas; en ellas, y siguiendo los esquemas que como Hispanoamericanos tenemos incorporados a partir de las Leyes de Indias, se desarrolla una trama vial ortogonal o de tipo damero, la edificación es continua y compacta ocupando un alto porcentaje de los predios sin embargo la altura general es baja, no superando los 3 pisos; a su vez, la existencia de una buena trama vial favorece la existencia de equipamientos diversos de tipo comercial, religioso, cultural, educativo, de salud, etc.

Por otro lado, en las laderas, donde existe una pendiente intermedia entre la meseta y el acantilado, los asentamientos son mucho más disgregados, no existe una trama vial consolidada y cuando está, es zigzagueante e incompleta, por lo mismo abundan en ellas los pasajes peatonales, escaleras y ascensores; el uso de suelo es eminentemente residencial, sin gran cantidad de equipamientos por los problemas de accesibilidad y la altura de las edificaciones es un poco más alta pues el valor de la vista se logra mediante el asomo de una casa por detrás de la otra.

Los fondos de quebrada y pies de cerro, por su parte, al ubicarse aledaños a una calle y teniendo como respaldo la ladera de un cerro, son por naturaleza de mucha mayor altura, alcanzando en algunos sectores fácilmente los 10 pisos (como es el caso de la calle Prat al pie de los cerros Alegre y Concepción), en estos casos como criterio general: mientras mayor sea la pendiente de respaldo del cerro, mayor es la altura que alcanzan los asentamientos. La edificación es por lo general continua y serpenteante y se desarrolla de forma doble en los fondos de quebrada.

El reconocer estos patrones de asentamiento y trabajar con ellos para la planificación urbana de la ciudad, permite asumir la complejidad territorial que los originó y a la vez cuidar la riqueza cultural que los construyó. La construcción de la normativa urbana que define las condiciones de edificación: altura, sistema de agrupamiento, porcentaje de ocupación de suelo, etc. Para el Plan Regulador Comunal de Valparaíso, no será entonces una invención coyuntural sino el reconocimiento de la forma en que históricamente se ha desarrollado la ciudad de Valparaíso y que puede desarrollarse de forma sustentable en el futuro.

Valparaíso se ha convertido en Patrimonio de la Humanidad entre otras cosas por el equilibrio en la unidad paisajística propia de su condición de anfiteatro, y a partir de la cual el concepto de mirador excede de los clásicos espacios constituidos como el Mirador Barón, el Paseo Atkinson o el 21 de Mayo, sino que cada casa, cada pasaje, esquina o escalera puede enmarcar la vista a diferentes paisajes, ya sea el mar, las cumbres de La Campana, una quebrada, la ladera de un cerro, o la lejana vista de Viña del Mar. Que este anfiteatro recoja las distintas lejanías es una condición patrimonial y el diseño de una adecuada norma urbana permite cautelar por esa condición patrimonial.

La altura de la edificación es una variable fundamental en la morfología del anfiteatro y en los últimos años ha existido una gran demanda de terrenos para construir edificaciones de altura por sobre los 10 pisos en Valparaíso. Obstrucción de la vista, la luz solar, saturación de redes sanitarias y viales, gentrificación, son varias de las razones por las cuales la comunidad ha manifestado su oposición a estos proyectos; sin embargo, la lectura de la ciudad que nos ofrecen los patrones de asentamiento según la geografía, nos conducen a comprender que en la mayoría de los casos, más que la altura misma de la edificación, es la ubicación de la misma.

Como explicábamos previamente, en Valparaíso hay ciertos patrones en los cuales siempre ha existido mayor altura, principalmente en fondos de quebradas y pies de cerro; donde esas edificaciones dialogan con la altura de los cerros que las respaldan, las redes naturales de drenaje y vialidad (que coinciden en la parte baja del Anfiteatro al materializarse las principales vías sobre los cauces abovedados de las quebradas).

Caso distinto ocurre con las edificaciones que se ubican precisamente donde las tipologías arquitectónicas no admiten mayores alturas: las mesetas y las cimas; en las últimas décadas es en estas unidades donde se han insertado la mayor cantidad de edificaciones en altura, irrumpiendo en barrios donde tradicionalmente la altura ha sido más baja y donde se genera un impacto mucho mayor sobre la unidad paisajística del anfiteatro.

Por cierto que los patrones de asentamiento no son la única herramienta con la que cuenta el estudio para la Modificación del Plan Regulador Comunal de Valparaíso, pero si tienen la virtud de entregarnos una mirada integral del territorio y que se cruza con el resto de los parámetros que conforman el plan:

Identificar y catalogar las laderas según su grado de pendiente permite diseñar herramientas normativas más ajustadas para las zonas de riesgo por remoción en masa (aluviones, derrumbes o desprendimientos de roca que se acentúan en las zonas de alta pendiente), identificar los fondos de quebrada sin antropizar da lugar a resguardar los cursos de agua y su potencial desarrollo como pulmones verdes y corredores biológicos en un esfuerzo de estructuración ambiental para la parte alta del anfiteatro que nos permitirá entre otras cosas, en un futuro cercano, mitigar los riesgos de Incendio propiciados por los remanentes forestales de vegetación pirógena; reconocer que la base de la estructura vial de esta ciudad está conformada por orbitales y transversales, y que estas últimas suben desde el plan por el eje abovedado de las quebradas, pero a su vez, bajan desde el Camino ‘La Pólvora’ por las cimas de los cerros, nos faculta a diseñar una red vial que garantice fluidez y respete la integridad de los barrios; etc.

Creemos firmemente que las herramientas para pensar y planificar Valparaíso están y han estado siempre en sus propias calles y cerros, y que solo es posible acceder a ellas asumiendo la complejidad territorial y cuidando la riqueza cultural que los habitantes de esta ciudad han construido y reconstruido a lo largo de los siglos, tras terremotos, maremotos, incendios e inundaciones.

La ciudad como construcción colectiva vuelve a estar hoy con más fuerza que nunca en manos de los habitantes de Valparaíso, por lo que el trabajo con la comunidad para trabajar en ese compromiso es constante. La participación ciudadana ha sido y es fundamental para la elaboración de este estudio y se ha desarrollado en todas las etapas del mismo pues creemos en la unicidad de Valparaíso, una ciudad imaginaria que se habita de forma radicalmente distinta a cualquier ciudad plana del país y ¿Qué experto, arquitecto o urbanista es más experto en la forma de vivir la ciudad que el propio porteño?

Fuente Plataforma Urbana.

24 de Abril de 2015

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